Mayo 5, 2007
Acta02
KURAKAWIN; ACTA 02
AÑO XERO+7
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QUINCE AÑOS Y UN DÍA
Carlos Gray.
Pucón.
La sentencia fue lapidaria, quince años y un día. El anselmo la recibió con calma, podría decirse que la conocía. Un ligero escalofrío recorrió su cuerpo mientras escuchaba el veredicto. Sintió un espasmo. La pareció volver a sentir bajo su pecho, el lloroso cuerpo de la muchacha violada encima de esas malolientes bolsas, en el callejón. Escuchó sus quejidos. Sintió la erección de su miembro a medida que leían sus cargos, temió eyacular. Se mordió los labios y trató de calmar su corazón. Miró al estrado y sintió que quince años no serían nada, la jueza era una buena recompensa.
Ernesto Viñals
Montevideo. Uruguay
Que no venga a nuestros ojos
el golpe agudo,
el frío ansioso del miedo
un ejército sin brazos
*
(Llevaremos el peor recuerdo de esta vida.) (¿?)
*
en este mundo coagulado
tu desdén y tu mirada
van rodando cuesta abajo.
*
Frente a otro mundo sangreseca
yo vi una larga nube solitaria
vagando
en un cielo anaranjado
Víctor Cifuentes. Küntrülpe
• Femyáwkegaymün femyáwkegaymün!!
Pún müñawkegaymün
Anden así, anden así no más!!
Anden de noche
(Juana Cifuentes Montre,
de la edad de la flor de las habas,
Küntrülpe)
*
• Lliwí nga chi küze
Ayóng tapülkünuwi chi antü
Tüyechi wé utrukon mapu mew
Küme kimngepé taiñ pekán lukutuñmawümekenofiel chem ñizólmapu norume
Se derrite la ampolleta
Transparentes pétalos la luz
En la tierra recién regada
Sépase que no nos hincamos ante ningún jerarca
*
• Feychífel winülekefulu antü ngati
Taiñ ngémew niekefuyiñ rakíantüwe
En aquél tiempo expandido
El reloj en los ojos teníamos
*
• Feychífel winülekefulu antü ngati
Taiñ ngémew niekefuyiñ rakíantüwe
En aquél tiempo expandido
El reloj en los ojos teníamos
*
• Zoy kümi nga münchémapuluwkülen ta punwíluwkülenmu
Allkütuñmangeale llengá wazwázkülen
/pu piwké
Hay que estar más abajo que adentro
Para oír el rumor de los corazones
Rutas neuquinas (o la muerte del maestro).
Rafael Urretabizkaya. S.M. de los Andes. Arg.
En la época del email y los mensajitos por teléfono las injusticias se avisan caminando como en el choconazo, o saliendo a la ruta como en las puebladas. En cinco días recorren los doscientos kilómetros y aunque son 15.000 los compañeros entrando a Neuquén, el gobierno no atiende a la visita, le da vuelta la cara con desprecio y mala educación.
Comienzan los piquetes. Entre los viajeros que ven interrumpido su camino hay algunos decididamente solidarios, otros que ponen en marcha sus preguntas sobre este país tan vasto y cruzado de problemas, y otros que no encuentran entre las categorías de pensamiento que manejan, nombre para lo que ven. Estos últimos acomodan la situación hasta convertirla en algo que es para ellos un asunto posible: “ustedes no son profesores”, afirma una joven que baja de un auto que parece un ovni, y eligiendo a uno le busca los ojos y dice “vos sos un cabeza que está aquí por un chorizo”. El “cabeza”, un profesor de literatura de Zapala, la mira y recuerda de ese libro de Salinger que le gusta leer con sus alumnos.
Pasó la caminata, pasan los piquetes pero no hay ningún modo de entenderse. Cuando las maestras y maestros hablan de sus sueños, del lado del gobierno hablan de negocios. Entonces aunque el tema sea el mismo, el tratamiento que le da cada uno los vuelve asuntos diferentes.
Vuelven los piquetes, porque el que tiene razón lo asiste la serena convicción y alegría de estar haciendo lo correcto, pero ahora algo en el negocio de los eternos candidatos comienza a romperse y entonces, contra los que caminan y esperan, arrancan los gases y los tiros.
Un proyectil del tamaño de una cartuchera explota contra la cabeza de Carlos Fuentealva, un querido profesor de química que en un segundo desparrama sus conocimientos junto a la alegría de lo bien que van los pibes de tercero, sobre el asfalto de Senillosa. La radio exagera diciendo que el compañero se debate entre la vida y la muerte, aunque todos sabemos que en un debate se escuchan las dos partes y aquí el proyectil que estalló en el cráneo, tiene la palabra.
Cuando hay un crimen hay un criminal, aunque las responsabilidades intenten disolverse entre voces de mando y obediencias debidas. Otra vez. - Che, Sobisch, asesino, cobarde, ¿a cuántos más de nosotros pensás chuntarle un tiro?. ¿Cuántos muertos te parece que hacen falta para que tengas razón de alguna cosa?
La gente que los mira pasar ya sabe quienes son. Los nombres de algunos van a pintar la casa de gobierno pidiendo audiencia a la justicia. Así como un día apareció escrito el nombre de Teresa, “Teresa Rodríguez, culpable de estar ahí”. Esto va a ser así todas las veces, todo el tiempo, siempre. Hasta que haya justicia. Porque como nos dice Freire reflexionando sobre la fatalidad: las cosas no son así, están así (y las vamos a cambiar).
Quizás este tono. Ernesto González Barnert
Quizás este tono menor sea el destino
/implacable
de unos versos.
No diré poesía por temor a que no la haya,
destello que nunca adquirió todo el resplandor.
“Un caballo enfermo que husmea por el prado
buscando un rincón limpio donde morir”
al decir de Kavanagh.
Desolación y páramo de una vida construida sin
/bautismo.
Pude cortarme, pero basta con las palabras.
Escribe a: escritores_arauca@yahoo.es
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criado por cristiancillo31
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